Ildefonso Rodríguez

“La mejor manera de ser libres es ir juntos”

_ Raúl Ordás

Tras más de una década sin publicar un nuevo libro de poemas, el autor regresa con En bandada, libres, un poemario atravesado por la escucha, el ritmo, la melancolía y la atención a lo cotidiano. En esta conversación reflexiona sobre el largo proceso de gestación del libro, el sentido de palabras como “libertad” o “política”, y esa tensión entre lo íntimo y lo colectivo que sostiene el conjunto “como una bandada”.

¿Cómo nace En bandada, libres y en qué momento sientes que este libro empieza a tomar forma?

En general, los libros de poesía que he ido publicando surgen a partir de un núcleo “fuerte” de escritura, una temporada, que puede durar años, de convivir con las nuevas formas que aparecen, sus motivos y variaciones. Cuando ese núcleo se ha consolidado, parece atraer otras piezas que no llegaron a entrar en libros anteriores, algunas muy antiguas, incluso. Fragmentos a su imán, escribió Lezama Lima. El libro se cierra cuando ese imán parece haber perdido su fuerza de atracción, cuando ya no llegan más piezas a su centro. El proceso puede ser largo. Mi último libro de poemas, como tal, salió en 2014, Inestables, Intermedios se titulaba. Ahora vino este.

El título sugiere movimiento, comunidad y también una idea de libertad. ¿Qué significado tiene para ti?

Hay palabras que no deberíamos dejarnos quitar. Política, por ejemplo. No sólo es una palabra hermosa, es también necesaria, a pesar de su uso casi común sin valor de intercambio real. Por eso, publiqué un libro titulado Política de los encuentros. Libertad, lo mismo. Uno de mis primeros libros se titulaba Libre volador. Este vuelve a la palabra. Demagogos y dictadores en potencia proclaman y venden libertad, dicen. La libertad no es un producto, es una condición de la convivencia, creo, además de un derecho. Estos pájaros de mi libro van en bandada y van libres, se puede ir juntos y libres a la vez, quizás la mejor manera de ser libres es yendo juntos unos con otros, si vamos solos la cosa puede complicarse.

No pretendo decir que yo sea más libre que otros. Aunque solo sea porque practico la escritura en libertad, de poemas con forma y fraseo libres (si tal cosa existe), me ha parecido bien emplear la palabra.

¿Qué lugar ocupa este poemario dentro de tu trayectoria literaria? ¿Hay un hilo conductor que una los poemas del libro o prefieres que cada texto conserve su propia independencia?

Por causa de la edad, hay en este libro algo de recogida, insinuaciones de muna recogida (no cierre, espero). Es posible que haya escrito libros más alegres, en este hay una melancolía, es verdad. El tempo y las desapariciones han ido entrando en él. Pero no lo veo como una colección de poemas; a pesar de la cantidad (La cantidad hechizada, volviendo a Lezama Lima) y las formas disímiles que ahí aparecen, siento (sentí en el montaje final, que es algo decisivo para mí, como el momento de la verdad poética de un libro) una tensión, una malla que mantiene el todo: eso, como una bandada.

¿Qué temas atraviesan En bandada, libres

Me es difícil decidir si un poema es figurativo o abstracto (quizás en la lengua esto tiene poco sentido) por razón de mi modo de hacer el poema, que viene a ser el resultado de añadidos, imprevistos, azares. El collage y la yuxtaposición son mis modos. Entonces resulta que los llamados “temas eternos” están ahí, la vida y la muerte, el amor y el desapego, sí. Pero a mí me parece que las cosas de mundo, la vida de lo que se llamó en filosofía el universal concreto, los seres con nombre, son los verdaderos temas del libro y se despliegan, se recogen van y vuelven a lo largo de él.

En tu obra suelen dialogar la poesía, la escucha y la música. ¿También ocurre en este libro?

Más que en ningún otro. Porque hay muchas ocasiones en que el diálogo al que aludes se hace explícito, a veces casi como lo hice en un libro de ensayo raro que titulé El jazz en la boca. En la boca tengo el saxo cuando toco y las palabras cuando escribo, porque uno escribe pronunciando, aunque sea en voz baja, como lee alguna gente, balbuciendo lo leído con su movimiento de labios. Además, en este libro la escritura ha sido repetidamente escucha de otros, en forma de cita y apropiación. Suele llamarse intertextualidad, pero no me gusta mucho ese rótulo.

Como músico y poeta, ¿de qué manera influye el ritmo en tu escritura?

El ritmo es condición de vida, “sin ritmo todo es pena”, dice un amigo mío, músico y pensador. La arritmia puede ser síntoma mortal. El ritmo articula lengua, hablamos rítmicamente y si escribimos sin ritmo es porque lo hacemos mal, nos ponemos rígidos, nos engolamos, hay muchas maneras de escribir mal. Escribir bien es dejar que aquello fluya como habla, un habla posible, aunque sea inventada. Ha escrito Eugénio de Andrade: “…. Álvaro le enseñó cómo debían leerse los versos de Shakespeare o de quien quiera que fuesen: con la naturalidad que tienen el correr del agua y el ritmo del habla”. Pues eso.

Añado: al hablar de ritmo en poesía, tanto como en música, hay que distinguir un ritmo medido y repartido en compases, versos isosilábicos, estrofas simétricas. Y un ritmo libre y cambiante, como sucede por ejemplo en el free jazz y el gregoriano. Yo me muevo mejor en este. Se trata de no confundir ritmo con medida.

¿Qué relación mantiene este poemario con el silencio?

El silencio, de existir, sería la condición incondicionada del hablar, como de la música. Pero yo tal vez sea, se ve aquí, un hablador excesivo. Cuando2me echo a hablar, a escribir, a tocar se me olvida el Silencio, con mayúsculas, prefiero pensar en los silencios sucesivos, que son respiraciones y pautan el proceso, su fluidez. La ausencia de silencios apelmaza aquello.

En tus textos suele haber una gran atención a lo cotidiano. ¿Qué te interesa de aquello que a menudo pasa desapercibido?

Justamente su valor, o al menos el que lo insignificante en apariencia tiene para mí al mirarlo de cerca y con tiempo. Como tituló un libro mi amigo Miguel Suárez, tener La voz del cuidado con las cosas. Alguien dijo que el poeta es un experto en atención. Estar atento a lo que a veces ni siquiera tiene nombre. Lo que pasa por la calle. Lo soñado esa noche. Dicho de otro modo, la inmanencia, escribir lo más alejado posible de las grandes palabras trascendentes. Aquí y ahora, ya eso sería mucho.

¿Dirías que este libro mira más hacia lo íntimo o hacia lo colectivo?

Me gustaría pensar que ambos estados se entrelazan en la malla a la que me referí. Bandada. Además, nunca se me ha dado bien el lirismo puro, entendido como la endofasia, la voz yoísta. Tensar el salto entre el yo y lo íntimo, el salto hacia el nosotros.

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