Karlos Viuda
El Arte como collage de identidades
Hablar con Karlos Viuda es entrar en un territorio donde lo fragmentado se vuelve unidad y lo invisible, revelación. Su obra, que rehúye fórmulas y fronteras, late como un proceso en espiral, abierto y siempre inconcluso, donde el collage se convierte en metáfora vital: reconciliar lo disperso, tender puentes entre lo que parecía incompatible. En sus proyectos, lo performativo, lo abstracto y lo figurativo no compiten, sino que dialogan como voces de un mismo coro interior. Para Viuda, el Arte no es un destino, sino un tránsito perpetuo: una búsqueda sin final, una grieta por donde asomarse al misterio y, al mismo tiempo, un espejo en el que reconocernos múltiples.
A menudo defines tu trabajo como un proceso abierto y en transformación constante. ¿Cuándo y cómo empezó tu relación con el Arte, y qué te mantiene hoy en ese estado de búsqueda permanente?
Mi relación con el Arte no empezó con una fecha concreta, sino como una necesidad vital. Desde niño sentí que el mundo tenía capas invisibles que solo el Arte podía revelar. Lo que me mantiene en búsqueda es la certeza de que nunca se llega a ningún sitio concreto: cada obra abre una puerta nueva, cada proceso me transforma. El Arte es el único medio para llegar a algunos lugares paralelos a lo cotidiano.
En tus exposiciones recientes se percibe un diálogo entre lo abstracto, lo figurativo y lo performativo. ¿Es para ti una elección consciente de mezclar lenguajes, o es algo que surge de manera orgánica en tu estudio?
Es ambas cosas. En mi estudio no hay fronteras rígidas. Lo performativo surge cuando el cuerpo pide presencia; lo abstracto, cuando la emoción no cabe en formas reconocibles; lo figurativo, cuando necesito anclarme. La creatividad es tan gratificante por ser un espacio de plena libertad, los lenguajes en el Arte no son barreras de comunicación, más bien posibilidades de entendimiento. Es un flujo, no una fórmula.
El collage ha sido una constante en tu trayectoria, tanto como técnica como manera de pensar la imagen. ¿Qué te atrae de esa fragmentación, de ese reunir piezas que no estaban destinadas a convivir?
El collage es una forma de pensar. Me interesa cómo fragmentar puede ser también una forma de construir sentido. Reunir piezas que no estaban destinadas a convivir es como reconciliar partes de uno mismo. Es un gesto político, poético y profundamente humano.
Geisha, tu proyecto más reciente, se presentó como una celebración, una “fiesta” visual. ¿Cómo se construyó esa idea y qué te interesaba explorar a través de la figura de la geisha?
Geisha nació del deseo de celebrar lo híbrido, lo ritual, lo femenino como potencia. Me interesaba explorar la figura de la geisha como símbolo de transformación, de máscara y de verdad. La fiesta visual fue también una forma de invitar al espectador a entrar sin miedo, a dejarse llevar... fue una invitación a la fiesta de mi medio siglo vital.
En Pröteik ya se intuía la idea de lo múltiple: todos somos varios a la vez. ¿Crees que el Arte es, para ti, una forma de reunir tus propias identidades dispersas?
Sin duda. El Arte es mi forma de reconciliarme con mis contradicciones. No somos uno, somos muchos, y cada obra es una tentativa de reunir esas voces. Pröteik fue una declaración de esa multiplicidad, pero también una invitación a que otros se reconozcan en ella.
León y su entorno aparecen de fondo en tu trayectoria. ¿Cómo influye tu ciudad y el territorio castellano y leonés en tu manera de mirar y de crear?
Nuestros orígenes dejan huella en quienes somos, y por lo tanto en lo que creamos, pero gracias al tiempo que nos ha tocado vivir, nuestras influencias culturales son globales, tenemos conocimiento del trabajo de otros creadores del mundo, ... Creo que si hubiera nacido en otro lugar mi obra no sería muy diferente.
¿Qué opinas de la escena actual de Arte Contemporáneo en León? ¿Crees que hay un tejido cultural sólido y espacios para la experimentación fuera de los circuitos habituales?
Hay talento y hay deseo, pero falta estructura. Hay espacios que resisten y propuestas valientes, pero necesitamos más redes, más diálogo con lo internacional, más riesgo. Lo experimental aún vive en los márgenes, pero esos márgenes son fértiles. Tenemos que lograr fomentar más interés por el Arte, desde edades muy tempranas, qué sea una experiencia cotidiana... pero con cuidado, es un material muy sensible al que si no se trata debidamente se vulgariza consiguiendo el efecto contrario.
Tu obra parece dialogar tanto con la Historia del Arte (Picasso, el Cubismo, la Abstracción) como con influencias más actuales. ¿Qué artistas, movimientos o referentes te acompañan en tu proceso?
Picasso me enseñó a romper, el Cubismo me dio permiso para fragmentar, la Abstracción me dio aire.... desde la tradición, pero todos estos conceptos son clásicos, son del siglo XX, solo los utilizo para que el espectador tome el principio del hilo. Pero también me acompañan artistas contemporáneos que trabajan desde otras disciplinas, musicales, poéticas, cinematográficas. Me interesa lo que incomoda, lo que no encaja del todo.... será porque yo a veces también me siento un poco así.
Has pasado por pintura, ilustración, instalación, dibujo automático… ¿Cómo decides el formato de cada proyecto? ¿La idea llama al medio o es el medio el que condiciona la idea?
La idea llama al medio. Cada proyecto tiene su propia voz y me exige un cuerpo distinto. A veces es la materia la que habla primero, otras veces es el concepto. Me gusta escuchar lo que la obra pide, el formato se ve condicionado por el espacio expositivo...he hecho exposiciones para lugares concretos, la exposición también quiero que sea una instalación, el contenedor condiciona mucho a experiencia del espectador y siempre que ha sido posible he cuidado ese aspecto. Quiero que el espectador se sumerja en mi trabajo, quizás por eso no creo en las exposiciones colectivas.
Después de varias décadas de trabajo, ¿cómo ves tu propia evolución? ¿Hay temas o preguntas que persisten desde el principio?
Veo una espiral, no una línea, porque la experiencia artística es algo que nace de dentro hacia fuera y a la inversa, Hay preguntas que persisten, inquietudes estéticas y existenciales, quizás por eso en mi obra hay un enfrentamiento de opuestos que rivalizan generando formalmente obras distintas pero que en el fondo tratan todas de lo mismo. Me interesa más el proceso que el resultado final.
¿Qué buscas provocar en quien se encuentra frente a tu obra?
No busco respuestas, busco movimiento. Que algo se desplace dentro del espectador. Que se sienta interpelado, incómodo, emocionado. Que se reconozca o se pierda. Que la obra sea un espejo, pero también una grieta.
¿Cuál es, para ti, la experiencia ideal del espectador?
La que no espera nada y se deja sorprender. La que entra sin prejuicios y sale con preguntas. La que se permite sentir antes que entender. El espectador ideal es el que se convierte en cómplice.
¿En qué proyectos estás trabajando ahora y hacia dónde te gustaría dirigir tu investigación artística en los próximos años?
Estoy en un proceso de búsqueda, yo transito simultáneamente por muchos caminos diferentes, vías de trabajo abiertas desde hace años, que siempre que las visito me aportan acontecimientos que recolecto como setas en mi cesta, y cuando la tengo llena las cocino. Aspiro a no perder la ilusión en vivir y a seguir sorprendiéndome con lo que me enseña el proceso de intentar hacer Arte para comprender mejor mi propia la vida....no tengo rumbo ni grandes aspiraciones.
