Marta del Riego Anta

Tantos años en el periodismo se notan en mi forma de escribir. El periodismo ha sido una gran escuela por muchas razones.

_Mar Gato

Marta del Riego Anta es una escritora y periodista leonesa cuya obra transita con delicadeza entre la crónica personal, la exploración de la identidad y el retrato del mundo rural. Nacida en La Bañeza, ha sabido dar voz a los silencios de la provincia leonesa desde una escritura íntima, lúcida y profundamente humana. Con una trayectoria que combina la narrativa, el ensayo y el periodismo, Marta ha tejido un universo literario en el que confluyen la memoria familiar, el paso del tiempo y la transformación de lo rural.

Cordillera ha sido descrita como una tragedia griega trasladada a los puertos de la Cordillera Cantábrica. ¿Qué te llevó a elegir este escenario y esta estructura narrativa? 

En realidad, Cordillera es un thriller rural, pero su estructura es de tragedia griega: está dividida en actos y tiene un coro, un coro que no se sabe si es la voz de los viejos de la aldea, del bosque o de la propia montaña. Me gustaba la idea de que hubiera tres héroes, en este caso, muy atípicos: una pastora trashumante, un biólogo que llega de Madrid a estudiar al oso pardo y una osa que sale del encame de invierno con sus crías.

Y me gustaba que la historia transcurriera en un lugar tan impresionante como la Cordillera Cantábrica, que es un prodigio de naturaleza y, al tiempo, un espacio mítico. Es más que un macizo, es una realidad imponente, un paisaje que te deja sin aliento. Y donde conviven osos, lobos, urogallos, bosques de hayas y robles, prados altos, ovejas, yeguas y vacas y un puñado de aldeas. Un espacio con mucha fuerza literaria. Son 480 km que se extienden desde Galicia por León, Asturias, Palencia, Burgos, hasta las estribaciones de los Pirineos. Me he centrado en la parte de León, que es la que conozco más: Babia, Luna, Laciana y el Alto Sil.

Eres una autora con una trayectoria consolidada en el periodismo y la literatura. ¿Cómo ha influido tu experiencia periodística en tu manera de escribir novelas? 

Me hice periodista porque quería contar historias y saltar del periodismo a la literatura fue un paso natural. Tantos años en el periodismo se notan en mi forma de escribir. El periodismo ha sido una gran escuela por muchas razones. Primero porque me enseñó a investigar, a documentarme. También porque me enseñó el valor de la concisión, de la economía en el lenguaje. Y por ende, el de la precisión. Y por último, porque me enseñó a editar, editar es para mí una obsesión, me edito constantemente, ¡a veces creo que hasta me edito los pensamientos!

A lo largo de tu carrera has explorado diferentes géneros y escenarios. ¿Qué tienen en común todas tus novelas? ¿Dirías que hay un hilo conductor en tu obra? 

Sí, el hilo conductor es la vuelta a la tierra, la vuelta a la experiencia de la naturaleza. Como seres humanos mayoritariamente urbanitas nos hemos alejado de esa experiencia. Recientemente se publicó un estudio en EE UU donde se explicaba que si le preguntabas a un niño por nombres de marcas, era capaz de decir mil, sin embargo, si le preguntabas por nombres de animales no era capaz de decir ni cien. Desde que empecé a escribir, esa conexión con la naturaleza es el hilo que hilvana todas mis novelas. También mi poesía, como en mi poemario Flores de sangre sobre la hierba, el diario de una mujer rural. Está en todas mis historias de una manera más subterránea o de una manera total y absolutamente explícita como en Cordillera y en mi novela anterior, Pájaro del Noroeste.

En Cordillera, la naturaleza no es solo un escenario, sino un personaje más. ¿Cómo trabajaste esta dimensión en la novela? 

Yo vengo del mundo rural, desde niña he pasado horas en el campo acompañando a mi padre. Después, me alejé de ese mundo, fui a estudiar a Madrid, viví en Londres y en Berlín, pero ahora he vuelto con más fuerza, ahora no es solo la tierra de labranza, es la montaña, el bosque de hayas, la vida silvestre la que me llama. Me fascinan los osos, que son una parte importante de la novela. He pasado horas haciendo esperas de oso, prismático en mano, para ver salir a una osa de la osera con sus esbardus. También he hablado con biólogos y con guardas de la patrulla oso. Durante años he caminado en la montaña tomando fotos de las plantas más humildes, fotos de todo lo que va cambiando y creciendo en las distintas estaciones. La naturaleza nunca deja de sorprendernos. Lo que pasa que hemos olvidado cómo se lee. Este canto, ¿de qué ave es? Este excremento, ¿de qué animal es? La naturaleza nos habla, pero no sabemos escucharla

Nidia, la última pastora trashumante de su estirpe, es un personaje con una voz muy propia. ¿Cómo fue su construcción? ¿En quién o en qué te inspiraste para crearla? 

Como digo vengo de un pueblo de León, mi padre tenía una majada de 700 ovejas en una aldea al lado. Ahí pasé muchas tardes de mi infancia y adolescencia. Todo ese mundo de sensaciones: el olor a heno, a alfalfa, a estiércol… y de sonidos, balidos, cencerros, ladridos de mastines, lo tengo interiorizado. Ese mundo estaba ahí, en mi memoria, y solo necesitaba rescatarlo. Nosotros no éramos trashumantes, pero he acompañado a menudo a mi padre al norte de León, a la montaña, a Babia y Luna, a por mastines leoneses, a por ovejas. Así que conozco la trashumancia. Y también he conocido a una pastora que sigue atravesando las cañadas por rutas ancestrales y sube y baja el rebaño de la montaña al páramo en invierno y en verano. He estado muchas horas con ella intentando comprender cómo es su pensamiento, su ritmo, el ritmo de alguien que pasa de nueve de la mañana a nueve de la noche con sus ovejas en las brañas. Eso no es un trabajo, es un modo de vida. Y no se hacer por dinero, te lo aseguro. Para mí, ella es una heroína del siglo XXI.

Darío, el biólogo que llega a la aldea para estudiar al oso, representa a aquellos que vienen de fuera, con una visión científica del entorno. ¿Qué papel juega en la historia? 

Darío es el contrapunto a Nidia. Representa al conservacionista frente a la ganadera. Dos mundos enfrentados en la montaña. Ese enfrentamiento es un conflicto real que se da en la Cordillera Cantábrica y se da en los Abruzzos italianos y en la Amazonía brasileña. Cada vez somos más humanos en la misma tierra y queda menos espacio para la naturaleza. Darío cree en la vida silvestre, en el lobo, en el oso, pero se enfrenta al odio ancestral de los ganaderos y cazadores contra esas especies. Sobre todo, se enfrenta a un mundo regido por la ley del silencio. En una aldea con normas no escritas antiquísimas, él es el forastero, el discordante, y desata recelos, incluso odios.

La novela combina un tono lírico con un ritmo propio del thriller. ¿Cómo lograste ese equilibrio? 

Gracias por esta apreciación. Me parece que los géneros están para transgredirlos y es cierto que mi novela se sale de las costuras del thriller y tiene un punto de lirismo muy literario. No sabría cómo definirla, se me ocurre algo así: novela lírica de aventuras. O thriller naturalista.

¿Cómo logré el equilibrio? La violencia tiene una fuerza que encierra cierta belleza. En la naturaleza existe violencia, por supuesto. No solo entre los animales, también en los elementos desatados. En esas ventiscas, en la nieve, en esos paisajes enormes, majestuosos, el ser humano es un mero accidente. Creo que colocar a los personajes ahí hace que tomemos conciencia de lo insignificantes que somos. De esa mezcla nace el lirismo. Y de mi amor absoluto por la naturaleza, claro.

En la historia, el enfrentamiento entre el hombre y la naturaleza es central. ¿Crees que estamos condenados a esa lucha o hay espacio para la convivencia? 

Mi novela puede ser asfixiante, angustiosa, pero nunca pesimista. Creo que existe un punto de entendimiento, creo que existe un punto en el que ganaderos y conservacionistas se pueden encontrar. Pero hay que propiciarlo, hay que poner voluntad, hay que hacer mucha didáctica.

¿Qué ha sido lo más difícil y lo más gratificante de escribir Cordillera? 

Lo más difícil fue crear las tres voces, la de Nidia, la de Darío y la de Osa. Tres personajes con flujos de pensamiento y comportamientos tan diferentes. Meterme en la cabeza de cada uno y que resultaran creíbles fue una ardua labor. Sobre todo, de Darío, un personaje con un pensamiento y un comportamiento tan masculino, y a la vez, con un punto sensible. Y después está Nidia. Yo quería contar la novela desde el punto de vista de una mujer rural, porque las mujeres rurales están infravaloradas en nuestra literatura, son madres paridoras, sufridoras, trabajadoras exhaustas, no protagonizan las grandes historias. Yo quería que mi pastora cogiera las riendas de la acción y fuera una heroína. También quería alejarme de la pirámide antropocéntrica en la que el ser humano se encuentra arriba del todo y la naturaleza está a su servicio para explotarla y para esquilmarla. Todos estamos en la misma tierra y tenemos los mismos derechos. Por eso le di voz a una osa, que es la tercera protagonista de Cordillera.

Lo más gratificante fue escribir sobre la naturaleza. Los nombres de las flores que crecen en la montaña y en las brañas, por ejemplo. Toda la labor de documentación, de ver videos de cámaras trampa situadas en el bosque para estudiar a los osos. Todos esos animales que pasan por los senderos secretos del bosque: corzos, lobos, tejones, zorros… Comprobar cómo la vida silvestre existe ahí fuera y tiene una fuerza increíble.

Finalmente, ¿qué esperas que los lectores encuentren en esta novela? 

Me gustaría que se sintieran atrapadas y atrapados por la historia, que no pudieran soltar la novela, que comprendieran profundamente a Nidia, a Darío y a Osa. Si consigo que se sientan identificados con ellos, también conseguiré que la naturaleza les importe un poco más. Aunque el fondo, lo único que pretendo realmente es… entretener. Contar una historia y fascinar a los que la lean. Ese es el origen primigenio de la literatura.

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