Nahuel Tello: la poesía de quienes no entran en el escaparate
“Lo inadmisible no es solo aquello que fue rechazado por el circuito literario, sino también lo que una sociedad no quiere mirar.”
_ Raúl Ordás
Hay escrituras que no llegan desde el centro de la literatura, sino desde sus bordes. No buscan acomodarse en una tradición prestigiosa ni pedir permiso a los circuitos que deciden qué voces merecen ser escuchadas. Avanzan desde otro lugar: desde la rabia, desde la intemperie, desde la conciencia de que también hay belleza en aquello que ha sido apartado, rechazado o considerado demasiado incómodo. En esa zona de fricción se sitúa la obra de Nahuel Tello, escritor y poeta argentino nacido en 1998, autor del poemario La República de los Olvidados y creador de una voz que explora la vulnerabilidad, la ternura y la violencia soterrada de la vida cotidiana.
Tello pertenece a una generación que ha crecido entre la precariedad, la saturación de discursos y la sensación de que el futuro se ha convertido en una promesa cada vez más débil. Su poesía no intenta maquillar esa experiencia. Al contrario: la nombra desde una estética directa, áspera, muchas veces atravesada por la impotencia y por una sensibilidad que no renuncia a mirar aquello que suele quedar fuera del relato oficial. En sus textos aparecen los márgenes, los cuerpos cansados, la asfixia económica, el dolor ajeno, la resistencia del oficio poético y esa mezcla de furia y delicadeza que caracteriza a quienes escriben no para adornar el mundo, sino para sobrevivir a él.
Su trayectoria literaria ha ido consolidándose en espacios diversos. Su voz fue reconocida e incluida en la antología 40 Años del Fondo Editorial Pampeano en 2024, un gesto significativo dentro de su recorrido, al situarlo en diálogo con una tradición editorial y cultural más amplia. Además, sus textos han circulado en portales culturales internacionales y plataformas independientes como Alkymia, The Puerto Varas, La Maza y Revista Peatones. Esa presencia en medios alternativos resulta coherente con una escritura que parece desconfiar de los lugares demasiado pulidos y que encuentra en los márgenes no solo un tema, sino también una forma de pertenencia.
En 2025 publicó La República de los Olvidados, un título que ya contiene una declaración estética y política. No se trata únicamente de escribir sobre quienes han sido desplazados, sino de imaginar para ellos una república verbal, un territorio simbólico en el que lo invisible pueda adquirir cuerpo, nombre y temperatura. La poesía de Tello parece levantarse precisamente contra esa desaparición: contra la facilidad con que la sociedad convierte ciertas vidas en ruido de fondo, contra la costumbre de mirar hacia otro lado, contra la indiferencia convertida en norma.
Esa preocupación alcanza una expresión especialmente clara en la muestra INADMISIBLE, una selección de poesía marginada que reúne textos rechazados por el circuito convencional. El título funciona como advertencia y como desafío. Lo inadmisible no es solo aquello que no fue aceptado por una revista, un premio, una editorial o una institución cultural. Lo inadmisible es también lo que una sociedad no quiere mirar: la pobreza, el fracaso, la angustia económica, la intemperie emocional, el dolor de los otros, la rabia de quienes no encuentran un lugar desde el que hablar.
La muestra propone, así, una inversión del rechazo. Aquello que fue descartado se convierte en centro. Los poemas que no encontraron acomodo en el circuito convencional se reúnen ahora bajo una misma luz, no para justificarse, sino para afirmar su derecho a existir. INADMISIBLE no presenta el rechazo como una derrota, sino como una categoría poética. Lo que no encaja, lo que molesta, lo que no responde a las expectativas de una literatura domesticada, puede contener precisamente una verdad más urgente.
La estética de la muestra se inscribe en un realismo descarnado. No hay en estos poemas una voluntad de embellecer artificialmente la experiencia ni de convertir el sufrimiento en un objeto decorativo. La escritura trabaja con materiales ásperos: la crítica social, la frustración ante el dolor ajeno, la falta de dinero, la dificultad de sostener una vocación poética en medio de las obligaciones diarias. El poeta no aparece como una figura apartada del mundo, sino como alguien que escribe desde dentro de las mismas tensiones que denuncia. La poesía no lo salva de la precariedad, pero le permite nombrarla.
En ese punto, la obra de Nahuel Tello se vuelve especialmente contemporánea. Su escritura no entiende la poesía como una torre de marfil ni como un ejercicio puramente íntimo. La intimidad, en sus textos, está atravesada por condiciones materiales. La rabia no es abstracta: nace de una experiencia concreta del mundo. La ternura tampoco es sentimentalismo: es una forma de resistencia. Frente a una realidad que endurece, que excluye y que obliga a competir incluso por la visibilidad del dolor, la ternura aparece como una decisión ética.
INADMISIBLE también puede leerse como una reflexión sobre el propio sistema literario. ¿Qué textos son aceptados? ¿Cuáles quedan fuera? ¿Qué tipo de sensibilidad se premia y cuál se considera excesiva, incómoda o menor? Al reunir poemas rechazados, la muestra no solo exhibe una serie de obras, sino que cuestiona los filtros que determinan el valor cultural. En ese gesto hay una reivindicación de las plataformas independientes, de los espacios laterales y de las escrituras que crecen lejos de los mecanismos tradicionales de legitimación.
Nahuel Tello escribe desde una zona donde la poesía todavía conserva algo de oficio pobre y de acto necesario. No hay complacencia en su mirada, pero tampoco cinismo. Sus poemas parecen saber que el mundo duele, que la desigualdad no es una metáfora y que la literatura no basta para reparar lo roto. Sin embargo, insisten. Y esa insistencia es quizá una de las formas más honestas de esperanza.
La vulnerabilidad, la rabia y la ternura no aparecen en su obra como emociones separadas, sino como fuerzas que se rozan constantemente. La vulnerabilidad permite mirar; la rabia impide aceptar lo intolerable; la ternura rescata lo humano allí donde todo parece reducido a desgaste, cálculo o supervivencia. En esa combinación se reconoce una voz joven, pero no ingenua; una voz que no pretende hablar por los olvidados desde una distancia cómoda, sino escribir junto a ellos, desde una república común de heridas, cansancios y pequeñas resistencias.
Con La República de los Olvidados y con la muestra INADMISIBLE, Nahuel Tello afirma una poética de los márgenes que no busca ser admitida a cualquier precio. Su escritura parece decir que hay textos cuya fuerza procede precisamente de no haber sido domesticados, de no haber entrado por la puerta principal, de conservar todavía la aspereza de aquello que fue escrito contra la intemperie. Y quizá esa sea su mayor potencia: convertir lo rechazado en lugar de enunciación, y hacer de la poesía no un adorno del mundo, sino una forma de no rendirse ante él.
