Noemí Sabugal

Mis dos primeras novelas, El asesinato de Sócrates y Al acecho, son novelas negras. Y la primera de ellas está inspirada en León, aunque en la novela la ciudad en la que ocurre la historia se denomina San Martín. 

_Redacción

Fotografía: Pablo J. Casal

En la obra de Noemí Sabugal, el crimen nunca es sólo un enigma que resolver, sino un espejo donde se reflejan las tensiones sociales, la memoria histórica y las heridas colectivas. Desde la ficticia San Martín, inspirada en León, hasta los escenarios mineros y rurales de Castilla y León, sus novelas negras han sabido entrelazar la intriga con la denuncia, el suspense con la observación de lo que se esconde bajo la superficie. Conversamos con la autora sobre la influencia de su tierra natal, la memoria como motor narrativo, la evolución de la novela negra en España y las voces literarias que han marcado su camino.

Tus novelas combinan intriga y reflexión social. ¿Qué te atrajo del género negro para contar historias de Castilla y León?

Mis dos primeras novelas, El asesinato de Sócrates y Al acecho, son novelas negras. Y la primera de ellas está inspirada en León, aunque en la novela la ciudad en la que ocurre la historia se denomina San Martín. La segunda ocurre en Madrid, en los meses previos al golpe de estado que desembocaría en la Guerra Civil. Una de las principales características del género negro es precisamente esa reflexión social y denuncia social. Esa mirada a las partes más oscuras de la sociedad. Elegí el género negro porque me permitía desarrollar tramas que servían para mostrar los temas principales de ambas novelas, que efectivamente tienen mucho de denuncia social y de desvelamiento de aspectos negativos de nuestra sociedad y de nuestra historia.

¿Cómo influyen León, el Bierzo y el paisaje castellano y leonés en el ambiente de tus libros?

En el caso de mi penúltimo libro, Hijos del carbón, han influido mucho, porque no lo habría escrito, o desde luego no hubiera sido el mismo libro, si mi lugar de nacimiento no fuera un territorio minero, en este caso en la montaña central leonesa. Esa influencia del lugar de nacimiento, del trabajo minero, que fue el que tuvo mi padre y tantas otras personas a mi alrededor, fue fundamental para ese libro. Y en él aparecen todas las cuencas mineras leonesas, la de la montaña central y la oriental, y las del Bierzo y Laciana. Y también los territorios mineros de la comarca de la Montaña Palentina, que tiene un paisaje espectacular y creo que bastante desconocido. 

En obras como Al acechoUna chica sin suerte el pasado pesa mucho. ¿La memoria histórica y social es un motor de tu escritura?

Es una cuestión que me interesa mucho, sí. En ambas novelas el peso de la historia y de la memoria es importante. En la primera por todo lo que significó, y todavía significa, la Guerra Civil en nuestro país. Una herida para muchas generaciones y un periodo sobre el que todavía hay mucho que contar, tras casi cuarenta años de silencio impuesto. En la segunda, que recoge la gira europea de la cantante afroamericana Big Mama Thornton y de otros diez músicos, aparecen muchas cuestiones sociales. La principal se relaciona con el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. En un momento en el que en este país se está produciendo una regresión en los mismos, no viene mal esta mirada al pasado y la valoración de todo lo que significó el esfuerzo de tantas personas. 

¿Qué te interesa más: el crimen como misterio o como excusa para hablar de los personajes y su contexto?

Lo segundo, pero no diría que es una excusa, sino una manera de revelación de los aspectos más turbios de las personas y de las sociedades, y de su violencia. 

¿Cuál crees que es el estado actual de la novela negra en España y qué lugar ocupa Castilla y León en ese mapa?

Me faltan datos para valorar con precisión la segunda parte de esta pregunta pero, en el caso de la novela negra en España, y como participante habitual de la Semana Negra de Gijón, por donde pasan gran parte de los autores y autoras del género, te diría que hay una buena creación de novela negra y que desde hace muchos años se ha enriquecido y diversificado el tipo de tramas y de protagonistas de las historias. Una de las principales características diferenciadoras respecto a hace veinte o treinta años es la cantidad de escritoras que hay en este género, en el que antes había sobre todo escritores hombres. Pero no sólo ha pasado en la novela negra, también en otros géneros en los que ocurría lo mismo, como el ensayo y el cómic. 

¿Qué autores y autoras han marcado tu manera de narrar?

La lista sería tan extensa que ocuparía un libro entero, así que citaré sólo algunos nombres. En el caso de los ensayos-crónica que son mis últimos libros, Hijos del carbón y Laberinto mar, entre mis influencias están Leila Guerriero, Martín Caparrós y Svetlana Alexiévich, entre otros. En mis novelas y relatos hay muchas influencias cruzadas y sería largo de desarrollar, pero haré un apunte en otro sentido, en el de que me inspira mucho para escribir la lectura de poesía: Antonio Gamoneda, Lorca, Idea Vilariño, Pizarnik, Ida Vitale.

¿Puedes adelantarnos algo de tus próximos proyectos literarios?

Prefiero ser prudente y esperar a que los libros existan por completo. Es decir, a que estén publicados. 

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