Pablo Bernabé

"Mis fotos siempre tienen un punto de evocación del pasado, entre melancólico y arqueológico."

Hay artistas que llegan al arte como quien entra en una casa que siempre estuvo ahí, esperando, con las luces encendidas y los muebles dispuestos; y otros, en cambio, lo hacen como se entra en una ruina: avanzando despacio, descubriendo lo que hay entre los escombros, con una mezcla de asombro y de respeto. Pablo Bernabé pertenece a esta segunda estirpe. Su camino comenzó en las aulas universitarias, pero pronto lo condujo por talleres, museos y viajes, hasta instalarse en un territorio muy personal: el de la memoria hecha imagen, el de los objetos que parecen hablar si uno sabe mirarles de frente. Restaurador de profesión y fotógrafo por impulso íntimo, Bernabé lleva años construyendo un lenguaje visual propio donde lo cotidiano se convierte en símbolo y el juguete olvidado en un retrato solemne.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en el arte? ¿Recuerdas el momento en el que decidiste dedicarte plenamente a la creación?

Los primeros pasos los di en la época universitaria. Estudias arte y ves que tus inquietudes artísticas se van acrecentando a medida que vas profundizando más en el conocimiento del mundo artístico, y sobre todo en lo contemporáneo. Vas tocando varios palos hasta que encuentras el lugar donde te sientes más cómodo. 

¿Dedicación plena? Me temo que nunca se dio ese momento. Siempre ha sido una parte secundaria, compaginada con mi trabajo como restaurador, por el mundo alante, y desde 2005 en el Musac, lo que me permite, por otro lado, estar en contacto con artistas, comisarios, museos, críticos, gestores y demás familia del sistema arte.

¿Qué influencias —familiares, culturales o paisajísticas— crees que marcaron tu estilo desde el principio?

Creo que a efectos de influencia el entorno en el que te crías lo marca todo. Como influencia familiar, la infancia, entendida como territorio emocional y memoria compartida, atraviesa mi obra. Mis retratos de objetos no son inventarios, son homenajes a lo vivido, a lo tocado, a lo olvidado. Como influencia cultural, el lenguaje visual, marcado por el estudio de la Historia del Arte y la obra de fotógrafos como Diane Arbus, Richard Avedon, Chema Madoz o (sobre todo) Alberto García-Álix. Y como influencia paisajística lo leonés, que no aparece explícito, pero se insinúa en la luz cruda, en la atmósfera silenciosa de las imágenes, en la estética del vacío y la sobriedad y contención emocional. 

¿Cómo es tu proceso de trabajo habitual, desde la idea inicial hasta la obra terminada?

Primero busco la idea de cada proyecto y lo trabajo desde el concepto teórico y discursivo. Una vez que tengo eso claro empiezo a preparar las imágenes si es que van a ser intervenidas, reunir los objetos, estudiar y pensar las composiciones y acabados, y finalmente ya preparo el escenario y disparo.

¿Hay algún ritual, algún momento del día o algún espacio que consideres esencial para crear?

No, nada especial. Normalmente aprovecho las noches, que está todo más tranquilo. Eso sí, siempre con música (sobre todo tangos, Los Flechazos o los Beatles), y una IPA.

¿De qué manera la ciudad de León y su entorno se reflejan en tu obra?

Mis fotos siempre tienen un punto de evocación del pasado, entre melancólico y arqueológico. Recorro los escenarios que formaron parte de mi vida, para conseguir imágenes, recuerdos y objetos que muchas veces pueden ser demasiado autorreferenciales, pero ahí entra León, la ciudad en la que me crié y también su montaña central. No creo que León aparezca de un modo evidente pero si en una percepción que conecta con la memoria de una infancia leonesa y siempre latente como territorio emocional.

¿Crees que hay algo en la luz, el paisaje o la historia leonesa que diferencia a los artistas de aquí?

Más allá de la afición al vino prieto picudo y la cecina no lo creo.

¿Cuáles son los temas que más te obsesionan o te interesan a la hora de trabajar?

En la fotografía casi siempre huyo de lo humano. Me gusta la fotografía objetual, tratar las cosas no como accesorios o fondos, sino como el sujeto principal de la imagen. Sobre todo con juguetes y objetos que evocan la infancia. Busco siempre que los objetos tengan una presencia simbólica, estética y narrativa, aislándolos, destacándolos o recontextualizándolos. Busco la humanización del objeto y la poetización de lo banal a través del retrato. 

¿Cómo definirías tu estilo para alguien que aún no conoce tu obra?

Hago retratos de cosas. 

Retrato objetos olvidados, muñecos antiguos, figuras lúdicas…, con la solemnidad de un retrato humano. Intento transformar lo cotidiano en símbolo y lo deteriorado en memoria, mediante el blanco y negro, la frontalidad y el vacío escénico.

Has expuesto en distintos espacios: ¿qué experiencias o encuentros te han marcado especialmente?

La exposición es la muestra final del proyecto. Me gusta que la gente lo vea.

¿Hacia dónde te gustaría que evolucionara tu trabajo en los próximos años?

He trabajado distintos proyectos, siempre sobre la imagen y la memoria. A veces sólo retratando y a veces eliminando contenido de la imagen con retoques manuales, pero la línea que me interesa ahora es esa, imagen y memoria.

¿Qué papel crees que debe tener hoy el arte en la sociedad?

Buf… El arte hoy debe ser más que nunca pensamiento, herramienta crítica y expresión contestataria para sostener lo que se pregunta el hombre. Pero también debe ser el reservorio de la belleza. Frente al algoritmo, el dato y la eficiencia, el arte debe seguir siendo un refugio para lo poético, lo ambiguo y lo inútil en la concepción materialista imperante: aquello que no sirve para producir, pero que da sentido a la existencia humana. En tiempos donde todo debe justificar su existencia, el arte nos recuerda que existir, sentir y recordar ya son, en sí mismos, actos radicales.

¿Hay alguna obra tuya que consideres especialmente importante porque marcó un cambio en tu manera de mirar o de expresarte?

El retrato del primer Jicho, un vaquero de plástico amarillo. Ahí cambié el paisaje y la arquitectura por el retrato y la memoria.

Si tuvieras que recomendar a alguien joven que empieza en el arte un solo consejo, ¿cuál sería?

Que estudie a los grandes de la Historia del Arte, que se forme conociendo lo ya hecho y que no tenga miedo a ser creativo.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora mismo y dónde podremos verlos próximamente?

Siga la línea blanca… 

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