Roberto García Palmero
"Somos afortunados cuando apenas suceden cosas a nuestro alrededor que nos expulsen de la normalidad del día a día"
_ Raúl Ordás
Roberto García Palmero llega a la literatura después de una larga maduración vital y creativa. Nacido en Morales de Rey en 1973, formado en el mundo de la empresa y curtido durante años en el sector bancario, ha encontrado en la escritura un territorio donde ordenar las preguntas esenciales: el amor, la pérdida, la culpa, el deseo, la incertidumbre y esa frágil normalidad que solo apreciamos cuando se rompe. Su primera novela, Vidas curvas, nace precisamente de una quiebra: un accidente que altera la existencia de Javier y Marta y abre una trama de hondura psicológica, dilemas morales y emociones sometidas a presión. Ambientada en Salamanca, ciudad de formación, residencia y deuda afectiva para el autor, la obra se presenta como una “partida de ajedrez emocional” en la que cada decisión arrastra consecuencias, cada personaje encarna una contradicción y cada curva de la vida obliga a preguntarse qué haríamos nosotros en una situación límite.
Vidas curvas parte de un accidente que quiebra la normalidad de Javier y Marta. ¿Por qué elegiste una tragedia inesperada como detonante de la novela?
Sin lugar a dudas para resaltar la vulnerabilidad de todos los seres humanos e intentar trasladar un mensaje claro: somos afortunados cuando apenas suceden cosas a nuestro alrededor que nos expulsen de la normalidad del día a día. Sin embargo, la condición humana es muy desagradecida porque necesita vivencias constantemente que nos mantengan entretenidos y nos aíslen de mundanal ruido que cohabita en el día a día. La rutina no siempre es la mejor compañera de viaje para las personas más inquietas. En cualquier caso, un servidor prefiere abandonar su tranquilidad a través del arte y de la cultura en general, bien sea a hombros de la literatura, ya sea escrita o leída, de la música, de las artes plásticas en general o audiovisuales. Por otra parte, la ciencia sostiene que en nuestra vida sobrevienen de media entre cuatro y seis acontecimientos vitales. Es por ello, que quería trasladarlo a Vidas curvas, que relata una historia muy verosímil, muy realista que podría sucederle a cualquiera de nosotros y jugar con sus personajes a través de situaciones extraordinariamente complejas, como es el hecho de gestionar el duelo desde puntos de vista tan dispares como necesarios, desafiar y delimitar la ambigüedad fronteriza de la moralidad entre lo ético y lo inmoral, la capacidad de resiliencia, etc. Sin buscarlo, creo que en Vidas curvas hay un componente didáctico que puede servir de ayuda a aquellos lectores y lectoras que se animen a leerla, no solo por la hondura emocional que se van a encontrar, sino también por la reseñable carga psicológica que atesoran todos y cada uno de sus personajes.
El libro se define como una “partida de ajedrez emocional”. ¿Qué significa esa imagen aplicada a las decisiones de los personajes?
Considero que el universo emocional en el que nos vemos obligados a vivir es cruel por defecto, puesto que los seres humanos solemos desear más de cuanto podemos poseer, una condena genética preestablecida que heredamos de serie. En la trama de Vidas curvas se aborda una nutrida combinación de temáticas en las que he puesto el foco, entre las cuales figuran la seducción, el amor y el desamor. Si bien, no se trata de una novela romántica, aunque sus personajes atesoran una profunda carga psicológica por la complejidad a la que se ven sometidos en esta intriga literaria. El amor es una trampa, una caída al vacío, una enajenación mental transitoria que no es más que un señuelo biológico para asegurar la supervivencia de nuestra especie. Mucha gente desconoce cómo gestionar sus sentimientos y otras no aprenden a hacerlo en una vida entera. Cuando el paso del tiempo nos incorpora, contra nuestra voluntad, en la adolescencia comenzamos a sufrirlo sin haber recibido de antemano la formación adecuada para aprender a afrontarlo de la manera menos dolorosa posible, puesto que el amor lleva implícito el dolor, que tarde o temprano aflorará. Sin embargo, el desamor me parece mucho más sugestivo e interesante, puesto que la desafección es un aprendizaje continuo a lo largo de nuestras biografías, que nos va a permitir sobrevivir a los devaneos emocionales a los que cualquier ser humano se va a tener que enfrentar en más de una ocasión, ya sea a través de relaciones personales, familiares, amistosas o profesionales.
La novela aborda el amor, el desamor, la culpa y la incertidumbre. ¿Cuál de esos territorios et resultó más difícil explorar?
Sin lugar a dudas el desamor, una coraza emotiva de la que es muy complicado desprenderse cuando nos amordaza como bien sabe hacerlo. Los duelos sentimentales malhieren a los seres humanos desde ópticas muy diferentes que no solo atentan contra nuestro amor propio, sino que también nos arrastran hacia un estado de desesperanza y de soledad no deseada que puede transformar buena parte de nuestra estructura social.
En la obra aparece la idea de que “el amor verdadero no es solo sentimiento, sino también pensamiento”. ¿Qué querías expresar con esa afirmación?
En mi opinión la vida es un acto de desamor constante con el que hay que aprender a bailar, hasta que desemboca en decepción y decidimos apartarlo de nuestra biografía. En consecuencia, el amor que no se piensa es un suicidio sentimental en potencia, que puede salir bien o mal. Sé que esto es muy poco romántico, pero es que la existencia no entiende nada de romanticismos. Por eso, Vidas curvas, podría definirse irreprochablemente como una partida de ajedrez emocional, con sus luces y sus sombras, puesto que quiero dejar constancia que esta novela también simpatiza con pasajes que irradian muchísima luz.
¿Buscabas que el lector juzgara a los personajes o que comprendiera tus contradicciones?
Con total seguridad, ambas cosas. Juzgar es extremadamente sencillo entre las mentes más estrechas y no dudo lo más mínimo que Vidas curvas puede generar cierto conflicto entre los lectores y lectoras, pues este encuentro está meticulosamente buscado. Si bien, los seres humanos somos bastante contradictorios, puesto que la vida también lo es con nosotros mismos. Vidas curvas relata una encrucijada existencial que genera dilemas de primer orden que pueden ser muy controvertidos, pero lo que sí es cierto es que hay momentos tan sumamente complicados a lo largo de nuestras vidas que nos convierten en supervivientes extremófilos. Y esto es lo que sucede en Vidas curvas, una narración en el que una concatenación de asimetrías vitales avasalla a sus personajes como jamás hubieran imaginado y en la que se ven forzados a tomar decisiones con la única intención de sobrevivir, de un modo u otro, en un entorno de incertidumbre extremo.
Marta parece ocupar el centro emocional de la historia. ¿Qué quisiste construir a través de ella?
En primer lugar, ahondar en la psicología de una mujer a través de mi lado femenino, y creo que lo he conseguido porque no pocas lectoras me han transmitido que les resulta inconcebible que haya llegado a describir determinadas reflexiones, como he conseguido hacerlo, siendo un hombre. Las mujeres y los hombres somos ante todo personas y compartimos mucho más de lo que nos diferencia. En mi caso concreto, sostengo que mi sintonía con la personalidad femínea es aceptar que soy una persona sensible, sin miedo a reconocerlo en voz alta.
El dossier señala que uno de sus mayores retos fue pensar y sentir desde la psicología femenina. ¿Cómo afrontó ese desafío?
Indudablemente desde la osadía y la curiosidad más recalcitrante. ¿Y sabe qué he conseguido?, que un personaje femenino como Marta, creado por un servidor, resulte atractivo no solo para las lectoras, sino también para muchos lectores. En cualquier caso, creo que Marta es un personaje muy interesante y rico en matices, de ahí que sea una de los dos coprotagonistas principales de Vidas curvas, según mi interpretación personal, ya que hay lectores que sostienen que ella, ¡y solo ella!, es la protagonista indiscutible de la novela.
Salamanca es el escenario de la novela. ¿Qué aporta la ciudad a la atmósfera íntima y moral del libro?
Salamanca cuenta con la universidad más antigua de España, fundada en el 1218, que en la novela se nombra bastante porque uno de los personajes es profesor de la Universidad de Salamanca, y en la que un servidor también estudió. Por otro lado, la belleza de la ciudad se mereció ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988, al contar con una riqueza monumental muy importante por su conservación y belleza. ¿Qué aporta a Vidas curvas? Creo que Salamanca ha sido muy generosa con mi persona porque aquí resido desde hace 35 años, capital en la que me he formado a nivel académico y en la que he encontrado estabilidad profesional y emocional. Es por ello que, al sentirme en deuda con esta ciudad, decidiese ubicar el escenario de Vidas curvas en Salamanca por todo lo que me ha dado a cambio. Y creo que lo he conseguido porque gracias a la calidad literaria de esta novela, he conseguido publicar en edición tradicional siendo un escritor desconocido. Espero y deseo que algún día pueda recomendarse la lectura de Vidas curvas en la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca, un logro que me colmaría de satisfacción.
La idea de Vidas curvas surgió en 2009 y fue revisada durante más de una década. ¿Qué ganó la novela con ese largo proceso de maduración?
Para mí la literatura es entretenimiento y conocimiento, y creo haberlo conseguido en esta novela de ficción contemporánea, en la que he invertido con intensidad tres años y medio de mi vida a lo largo de década y media. Por fortuna soy una persona imaginativa, pero plasmarlo en un texto escrito es un registro muy diferente a cómo lo fermentamos en nuestra imaginación. Para mí estos quince años han supuesto un aprendizaje lento, pero sólido, que gracias a mis lecturas y a mi perseverancia he logrado alcanzar una voz propia seria, motivo por el cual he conseguido publicar en edición tradicional con la editorial Posidonia, perteneciente al Grupo Editorial Sargantana (Paterna, Valencia). Me considero un lector transversal que lee novela, ensayo, filosofía y poesía. Desde hace varios años antes de comenzar a escribir leo durante media hora filosofía y poesía. Leer poesía me ha permitido dar un salto de calidad notable en mi estilo narrativo. Por eso he tardado tanto en publicar desde que comenzara a escribir en el 2008, porque necesitaba alcanzar un nivel determinado. En este sentido, me siento muy respaldado por la calidad literaria de Vidas curvas, lo cual ha demandado muchas horas de trabajo. Para finalizar, quisiera añadir un apunte más, y es que me considero un escritor 80/20, es decir, 80% corrector y 20% escritor. Soy un corrector puntilloso hasta la extenuación. De hecho, Vidas curvas la escribí en apenas nueves meses, el resto del tiempo hasta completar los tres años y medio ha consistido en una corrección tras otra en tres periodos temporales diferentes, el último de ellos de diecisiete meses, que pude concluir en marzo del 2024.
Si tuvieras que resumir el corazón de Vidas curvas en una sola pregunta, ¿cuál sería?
Es muy complicado, por no decir imposible, al tratarse de una historia en la que acontecen multitud de situaciones y cuyo horizonte temporal se extiende a lo lardo de catorce años. Sin embargo, me resulta estimulante, cuando no inquietante, preguntarles a todos los lectores y lectoras de Vidas curvas la siguiente pregunta, ¿cuál es tu personaje preferido y qué decisión hubieras tomado tú si te vieras en su misma situación? Las respuestas son bastantes coincidentes entre mujeres y hombres, y en contados casos sorprendentes. Yo lo tengo irreprochablemente claro, ahora bien, es algo que solo revelaré a aquellos que hayan leído la novela.
